No es todavía el caso de Formentera, pero la degradación existe en algunos puntos, estaría bien que no nos quedáramos sólo en la "superficie" de las cosas...
salud mateos
El mar. La mar...
Entraña de estos cantares: ¡Sangre de mi corazón, tarumba por ver los mares!
El mar. La mar. El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste del mar?
En sueños, la marejada me tira del corazón. Se lo quisiera llevar.
A raíz de los poemas inéditos de Celaya y de un par de comentarios con sa barretina vermellay con palabras tendidas al viento he recordado una poema de Celaya, España en marcha y de una cinta que me grabó hace tiempo mi tío Cayetano, del famoso concierto de Paco Ibañez en el Olympia.
Así que como Internet también avanza que es una barbaridad, he recuperado todas ellas y además algunas fotos de Celaya de la pag http://www.gabrielcelaya.com/que no deja de ser un humilde homenaje a un poeta que hizo tanto por la democracia en este país, y que gracias a los poemas inéditos se vuelve hablar de él.
salud
mateos
Así que os dejo unas fotos, el poema y la versión cantada de Paco Ibañez
celaya en un mitín del PCE en 1977
ESPAÑA EN MARCHA
(Gabriel Celaya, “Cantos iberos”, 1955)
Nosotros somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.
No vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.
Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.
Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.
De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.
¡A la calle!, que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.
No reniego de mi origen,
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.
Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.
Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.
Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.
El otro día colgué un post con un poema (hasta entonces inédito) de Celaya a Lorca, había oído por la radio que eran tres, pero sólo encontré uno, a la espera de continuar la búsqueda otra día. de hecho una bloguera (alicia) dejó un comentario al respecto diciendo si tenía los otros, y como dice Carmen Ferrer que se lo escuchó a Luis Aragonés (que cosas!) y lo ha hecho suyo y a mi me gusta repetir: "siempre pasa lo que conviene" y en este caso no puede ser más cierto. Porque el comentario siguiente es de de Matilde, que como siempre pasa lo que conviene, tiene colgados los poemas en su blog que ahora yo también cuelgo en el mio y además descubro para mi y para todos los que queráis entrar (cosa que recomiendo) su blog:
ELEGÍA DEL MUERTO JUVENIL Has muerto. Y todavía te envolvías en un aire tembloroso de promesa y sonrisa. Has muerto. Y todavía tu risa era un torrente de vida no vivida. ¡Oh corazón, que ligero flotaba como un niño adormecido sobre el agua cambiante del momento! ¡Oh corazón, nunca hastiado, no cargado de dolores y experiencia, no maduro ya de muerte preparado! ¡Oh corazón, cada día nuevo como la maravilla de la vida rubia que, imprevista nace con un rumor de frondas y carreras y persigue y burla, escapa y vuelve, y ríe, y tiembla! Has muerto. Y todavía brillaba en tus ojos la sorpresa de vivir, de tener un nombre, un cuerpo, un tiempo, un amor no agotado para esta variedad de días claros. Has muerto. Has muerto compañero y hoy todavía te veo aturdido, preguntando inocente si es cierto.
Gabriel Celaya. Zaragoza, 1938.
MEMORIA DE FEDERICO
I
Que no murió. Le mataron Contra la cal de una tapia luminosa me lo dejaron clavado. -"Por vuestros padres- decía-. Y lo dejaron clavado diez pólvoras asombradas y una bruta voz de mando. ¡Decidme cómo, decidme, puede ocurrir tal espanto! ¡Ay, hombres sin nombre y madre! ¡Ay, sal seca y hueso amargo! Diez bocas estupefactas y un hombre que estaba al mando. Nada más ni nada menos. Sólo un vacío sin llanto. Y esta rabia que me grita que no murió; le mataron.
II
¡Ay, Federico García, quién lo podía decir! ¡Ay, Federico García, muera la guardia civil! Lo que en otros no envidiaban ya lo envidiaban en ti. Un sepulcro con tu nombre y una unidad de raíz. La sangre que se me agolpa quiere ahora hablar por ti. Toda la pena de España, todo este pus de raíz, y más allá de mi mismo, el pueblo llora por ti. ¡Ay, Federico García, muera la guardia civil!
Gabriel Celaya. 1949 RECUERDO A FEDERICO
Recuerdo a Federico, su corazón que flota como ese niño ahogado en las aguas desiertas por una tarde lenta, su corazón sin aire para el vuelo que, loco, su amor le prometía. Recuerdo a Federico, sus mentiras que siempre prefería a las verdades, sus exageraciones fieramente evidentes, sus fábulas, su risa que ponía las cosas en su punto exacto. Recuerdo a Federico, su abundancia, su amor que derramaba generoso, en mil cosas, palabras, animales, niños, amigos cualesquiera, relámpagos parados de su pesada noche. Recuerdo a Federico, recuerdo que en él pesan ya diez años de tierra, recuerdo que ha quedado con un boquete seco, nadie sabe por qué, y eso es lo más terrible, en un lugar cualquiera, un día que no nombro.
"Que no murió. Le mataron." "Contra la cal de una tapia luminosa me lo dejaron clavado". "-Por vuestras madres- decía". "Y los fusiles sonaron." "En el vacío de España aún retumban los disparos." "-Por vuestras madres- decía". "Y lo dejaron clavado diez pólvoras asombradas y una bruta voz de mando".
"¡Decidme cómo, decidme! puede ocurrir tal espanto!". "¡Ay, hombres sin nombre y madre!" "Ay, sal seca y hueso amargo!" "Diez bocas estupefactas y un hombre que estaba al mando". "Nada más, ni nada menos". "Sólo un vacío sin llanto". "Y esta rabia que me grita que no murió; le mataron".
II
"¡Ay, Federico García, quién lo podía decir!" "¡Ay, Federico García, muera la Guardia Civil"! "Lo que en otros no envidiaban, ya lo envidiaban en ti un sepulcro con tu nombre y una unidad de raíz". "La sangre que se me agolpa quiere ahora hablar por ti." "Toda la pena de España, todo este pus de raíz, y más allá de mí mismo, el pueblo que grita en ti: "¡Ay, Federico García, muera la Guardia Civil!".